«Vigo a 80 revolucións por minuto» de Emilio Alonso en “LH Mgazine”

9 Xaneiro 2012

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A revista musical LH Mgazine, que non se distribúe en Galicia, publica unha recensión de Vigo a 80 revolucións por minuto de Emilio Alonso.

 

A semblanza de Agustín Fernández Paz, por María Jesús Gil

Autores,Infantil,Premios,Xuvenil

Recibimos, e reproducimos, a fermosa semblanza que María Jesús Gil realizou sobre Agustín Fernández Paz durante o acto de entrega, o pasado  mes de novembro, do Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil e Xuvenil.

 

Semblanza de Agustín Fernández Paz con motivo de la entrega del 7º Premio Iberoamericano

Buenas tardes. Boas tardes.

Me hubiera gustado poder leerles el siguiente texto en gallego, que es la lengua en la que Agustín Fernández Paz escribe y sueña, pero no me he atrevido pues, aunque es un idioma que entiendo con facilidad – gracias a él y a otros queridos autores y amigos gallegos-  no lo hablo con la misma soltura.

Dice Agustín:

“Aunque cuando escribo abordo los temas que me interesan o me preocupan, aunque construyo mis historias con materiales tomados de lo que pasa a mi alrededor, no puedo olvidar que todos los hilos con los que acabo componiendo mis relatos tienen su origen en mi infancia. En los cuentos que escuché, en los libros y tebeos que leí, en las películas que vi en unas salas de cine que ya no existen, en los juegos de las tardes de invierno y en todas las aventuras de aquellos veranos luminosos y eternos. Todo está allí, en los paisajes encerrados en mi memoria.”

 En este texto, que forma parte de una extensa conferencia del autor  – que se titula Los paisajes de la memoria – encontramos el inicio de un viaje que parte de sus años de infancia, de del niño que nos mira desde esa foto. Ese niño de unos 10 años de edad, nacido en un pueblo gallego llamado Vilalba, en los tristes y grises años de la posguerra española. Recuerda Agustín que en su escuela, como en tantas otras, todavía escribían en pequeñas pizarras con pizarrín de tiza, lo que retrata la pobreza de medios de aquella época.

Época en la que los niños comían en la escuela la mantequilla, el queso y la leche en polvo procedentes de la ayuda norteamericana. Aquellas escuelas heladas, en las que había un único libro de texto y algunos libros de lectura,  viejos y gastados, como los que vemos en la foto.

 Pero Agustín tuvo la suerte de tener libros en su casa. Y en otro texto evoca así sus primeras lecturas:

“Una noche cualquiera de invierno, en los grises y mediocres años cincuenta. Una casa de un pequeño pueblo gallego, tan pobre como las otras que hay a su alrededor. La oscuridad de la larga noche de piedra de la dictadura es algo más que una metáfora. En esa casa hay un hombre sentado a la mesa de la cocina, que apoya un libro sobre el hule gastado. Ha estado trabajando todo el día en la carpintería, quizá ocupado en las piezas de una cama, o de un armario, muebles hechos con la voluntad de vencer el tiempo. Ahora tiene el libro abierto y, mientras pasa las páginas, le habla a su hijo más pequeño de las maravillas que, como si fuera una lámpara mágica, encierra aquel volumen. “Pronto podrás leerlo”, le dice al niño, “y entonces verás como es cierto todo lo que te he contado”. Y el niño, contagiado por el entusiasmo que desprenden los ojos y las palabras de su padre, desea que pasen veloces los días, para poder entrar en el espacio de La isla misteriosa de Jules Verne, pues ese es el libro, uno de los que forman la biblioteca paterna, si es que se le puede llamar así a los dos estantes que guardan unos pocos volúmenes, un tesoro para aquellos tiempos: Verne, Poe, Salgari, Dumas, Mark Twain, Puskhin, Fernández Flórez… Todas ediciones viejas y gastadas, aunque algunas aparezcan protegidas por las nuevas cubiertas que les han puesto las manos cuidadosas de un encuadernador amigo. Libros que, en un proceso de seducción guiado sólo por la intuición y el entusiasmo, sirvieron para que aquel niño quedase contagiado para siempre por el deseo de leer.”

 Aquel niño era Agustín y el carpintero su padre. De él aprendió que la lectura, por encima de todo, nos ayuda a vivir; pero también que nos sirve para conocer otros mundos, otras vidas, para viajar por el tiempo y por el espacio y para que nuestra imaginación se expanda sin límites.

 En ese texto el autor alude a “la oscuridad de la longa noite de pedra”, la larga noche de piedra, ese guiño al poeta gallego Celso Emilio Ferreiro, que nos habla de la dura y amarga realidad de la posguerra española en la que creció ese niño y que ha influido inevitablemente en su obra.

 A los trece años salió de Vilalba, para cursar siete largos años en la Universidad Laboral de Gijón. Un mundo completamente nuevo para aquel niño de pueblo, pero donde vivió experiencias que fueron importantes para su formación como lector y como escritor. Allí, aparte de conseguir su título de Perito Industrial Mecánico, tuvo profesores que jugaron un papel importante en su formación lectora. Frecuentó las bibliotecas del centro, leyendo las obras completas de autores como Kipling, Valle Inclán, Kazantzakis o Juan Ramón Jiménez. Fue allí donde empezó a publicar algunos textos en el periódico semanal La Torre.

 ¿Cómo un perito industrial al que le gustaban las matemáticas y la física terminó convirtiéndose en escritor?

 Nos ha contado Agustín que, durante los dos veranos que pasó haciendo las milicias universitarias, un amigo, observando  su afición lectora, le llevaba libros de la biblioteca familiar todos los fines de semana. Y así leyó las obras de Kafka, Samuel Beckett, Camus, Bertrand Russell…

 En 1969, decide marcharse a Barcelona, con la intención de trabajar y estudiar. Allí vive la intensa vida cultural de la ciudad, teatro, música, lecturas y cine, sobre todo cine, al que ya era un gran aficionado.

 Dos años después y con algunos ahorros, regresa a Galicia, a A Coruña, y entre 1971 y 1976, vive intensamente la agitación  cultural y política y estudia Magisterio y Ciencias de la Educación. Ve claramente que sus inquietudes culturales pueden tener sentido en el mundo de la docencia. Vive con entusiasmo los cambios que se empiezan a producir en el ámbito de la educación, las ideas renovadoras que comenzaban a llegar de otros países, la aparición de la revista Cuadernos de Pedagogía, conecta con otras personas que piensan como él,  descubre que forma parte de un movimiento mucho más amplio. Lee a Piaget, a Paulo Freire, a Ivan Illitch, Carta a una maestra, de los alumnos de Dom Milani, de la escuela italiana de Barbiana, la Gramática de la fantasía de Rodari o Sempre en Galiza de Castelao.

Unos años intensísimos como maestro en A Coruña,  en Gernika, en Mugardos… Es una época de profundos cambios sociales y políticos en España: los últimos años de la dictadura, la transición, el golpe de estado, el inicio de la etapa autonómica. Es por aquel tiempo cuando aparecen los primeros movimientos de renovación pedagógica, en los que Agustín participa con entusiasmo.

 En la década de los setenta, descubre la existencia de una literatura infantil y juvenil que es decisiva para que se convierta en escritor. Lee con avidez a Gianni Rodari, Roald Dahl, Ursula Wölfel, Maria Gripe, Michael Ende, Antoniorrobles, María Teresa León. La mediocre y moralizante literatura infantil española anterior desaparece con los aires renovadores de estos nuevos escritores.

En ese tiempo se introduce oficialmente la lengua gallega en la enseñanza. Se necesitaban libros de lectura y la literatura infantil y juvenil en gallego era muy escasa. Y ese fue el empujón definitivo. Aunque nunca había dejado de escribir para él mismo, comienza a escribir  cuentos para utilizar en clase y, de ahí a publicar  de forma autónoma, solo había un paso.

 Casi al mismo tiempo obtiene dos premios importantes: uno de ámbito gallego, el Merlín, por As flores radioactivas y otro de ámbito estatal, el Lazarillo, que concede, a una obra no publicada, la rama española de IBBY, OEPLI. En 1991 se concedió al título   Contos por palabras. Recuerdo este último premio con especial emoción ya que desde entonces data la relación de Agustín con Ediciones SM y nuestra amistad

Y me detengo un momento en este punto para contarles una anécdota personal: la misma tarde del fallo de este premio recibí el manuscrito en lengua gallega. Ediciones SM tenía ya por entonces un importante premio en lengua gallega, el O Barco de Vapor, y yo había publicado varios libros en gallego, de Paco Martín, de María Victoria Moreno, de Manuel María, entre otros. Pero, aún así,  mi conocimiento del gallego dejaba mucho que desear. Sin embargo, pudo más mi curiosidad y empecé a leer aquel manuscrito que acaba de obtener el Premio Lazarillo. Observé que cada capítulo empezaba con una fotocopia de la página de anuncios por palabras de un diario. Y con un círculo, hecho con rotulador, rodeando alguno de los anuncios.

Así, se podía leer:

LLAVES UNIÓN. Duplicamos todas con o sin muestra

URGE manicura,

EN Celanova, por cierre de cine, se vende equipo de proyección completo y 300 butacas, con poco uso, o

EMPRESA de fabricación arcas fúnebres precisa representante para ventas en zona centro y norte de España. Trabajo estable, interesantes condiciones económicas, enviar currículum vitae y fotografía reciente… y una dirección.

Y a continuación, una imaginativa, brillante y sorprendente historia, llena de humor, seguía a cada uno de estos anuncios.

 Leí sin parar y, en cuanto terminé, ya estaba segura de que quería publicar ese manuscrito. Llamé a Agustín. Me interesaban también los derechos para lengua gallega. Me respondió lo que siempre me ha dicho durante todos estos años de amistad: “¿Para gallego? Mira, el gallego ya lo va a publicar Manolo”. Manuel Bragado, Director General de Xeráis, su principal editorial en Galicia, y que hoy está también con nosotros. Gracias por acompañarnos, Manolo. Aprovecho para confesarte – aunque creo que siempre lo has sabido -  que muchas veces he intentado conseguir los derechos para lengua gallega de los libros de Agustín, sin conseguirlo casi nunca, como también sabes.

Desde esta fecha, 1991, he tenido la suerte de ser editora y amiga de Agustín. Sé que esta relación tan cercana, tan cordial, ha sido la misma con todos sus editores, que somos muchos. Porque, Agustín ha escrito muchos libros, para lectores de todas las edades. Unos cuarenta títulos, muchos de los cuales han sido galardonados con los premios más importantes. No me resisto a enumerar alguno de ellos, al menos los más relevantes, para no cansarles a ustedes:

Aparte del Premio Merlín por As flores radiactivas y el Premio Lazarillo por Contos por palabras ya mencionados anteriormente, obtuvo el Premio Edebé en 1994, por Trece años de Branca,  El O Barco de Vapor por O meu nome é Skywalker en 2002.

En 2001 obtuvo el premio Protagonista Jove por el título Aire negro. Este premio, que organiza el Consell Català del Llibre en colaboración con l´Associació Catalana d´Amics del Llibre Infantil i Juvenil, es concedido por un jurado juvenil. Me parece importante destacar que, en este caso, fueron los destinatarios del libro, los jóvenes, los que lo eligieron como su libro preferido del año. Y eso que Fernández Paz es un autor exigente con sus lectores. Como en tantas de sus obras, esta novela está llena de referencias a creadores  universales como Henry James o Joseph Conrad.

 En sus novelas siempre encontramos algún personaje al que le apasionan los libros. De forma deliberada, introduce poemas de Neruda, Valente, Yeats, Eliot o Pessoa, por citar algunos. De esta forma, consigue compartir con los jóvenes las lecturas que le gustan. Y sus lectores, a juzgar por los comentarios que hacen sobre sus obras, reconocen la calidad de lo que se les ofrece.

 En 2008 obtiene el Premio Nacional de Literatura por O único que queda é o

amor,  publicado por Edicións Xeráis. Y me detengo un momento en este título que ha obtenido el máximo galardón de los premios de literatura en España y que empieza con una cita de la obra Nieve,  del Premio Nobel Orhan Pamuk, que dice: “y cuando me doy cuenta de cómo vamos a pasar por este mundo sin dejar huella después de haber llevado unas vidas estúpidas, comprendo con rabia que en la vida lo único que queda es el amor”.

Es esta una obra fundamental en la que el autor nos presenta una serie de personajes unidos por una trama de hilos invisibles, por el hilo conductor del amor, que cada uno vive desde su propia experiencia y perspectiva. El amor en todas sus variantes: El amor platónico, el amor después de la muerte, el amor perdido, la amargura del desamor.  Relatos que exploran con gran profundidad el mundo de los sentimientos.

En tres ocasiones, tres de sus obras han aparecido en la prestigiosa Honour List de IBBY: Contos por palabras en 1992, Aire negro en 2002 y O único que queda é o amor en 2010. Por dos veces, dos de sus títulos: Aire negro y O meu nome é Skywalker han tenido un lugar en el catálogo de los White Ravens y por dos veces ha sido nominado al Premio Astrid Lindgren Memorial.

 Y, por último, Agustín Fernández Paz  es el candidato de España para el premio que se considera el Nobel de la Literatura Infantil y Juvenil, el Premio Hans Christian Andersen, que se fallará en Basilea en marzo de 2012.

 Como les decía, y volviendo a lo personal, a lo largo de estos 20 años, aparte de publicar muchos de sus títulos, puedo decir que hemos tenido una auténtica amistad que se ha ido fortaleciendo con el trato. He seguido de cerca sus éxitos, sus premios,  he leído sus nuevos libros, que me llegaban puntualmente con cariñosas dedicatorias, he tenido noticia de las traducciones de sus títulos a otras lenguas: castellano, catalán, euskera, italiano, francés, árabe, coreano…

 Con qué placer recibo sus cartas manuscritas, con esa letra menuda, tan característica.  A través de esas cartas, he ido conociendo sobre sus proyectos, que siempre ha acometido con entusiasmo y con rigor. Sobre los acontecimientos familiares, Inma, sobre su orgullo de padre y su amor por esa hija que hoy le acompaña, Mariña. Sobre la vida, en definitiva.

Y qué decir de las largas conversaciones sobre nuestras respectivas lecturas, sobre las últimas películas que hemos visto. Sobre sus recuerdos, los tebeos que leía con sus hermanos, sus seriales de radio preferidos: Superman y Una princesa de Marte, la hoguera de San Juan de su pueblo, el olor a pan reciente y a manzanas de su casa. Y sobre la señora Generosa, que por la noche les contaba, a él y a sus hermanos, cuentos de crímenes y de aparecidos.

Siempre dices que la literatura nace de la memoria y de la imaginación y que se teje con los hilos de la vida. Y estos son algunos de los hilos con los que has tejido tu mundo literario.

Gracias, Agustín. Por tu generosidad. Por tu empeño y por tu lucha por dignificar la literatura infantil y juvenil, en la que siempre has creído. Dices, con Pierre Clanché, que “necesitamos historias del mismo modo que necesitamos sueños; no para olvidar lo real, sino para ejercitarnos en afrontarlo”. Historias y mundos que ejerciten la fantasía, la creatividad, la imaginación, la emotividad y permitan dibujar mundos interiores donde los mitos, los héroes y las tradiciones culturales pasen a formar parte de nuestra experiencia vital.

Necesitamos historias y el origen de todas está en los libros.

El jurado que te ha concedido el Premio Iberoamericano ha destacado “tu compromiso con los valores universales y tu papel determinante en la construcción de una literatura infantil y juvenil en lengua gallega”.

Gracias por la profunda dimensión de tu literatura, en constante búsqueda de técnicas y recursos, por la hondura de las vidas de los personajes que nos presentas en ella, por tus historias reales o sobrenaturales, en las que nunca falta el humor, del que la literatura infantil está tan necesitada.

Gracias por tu complicidad con los lectores para los que no escatimas esfuerzos, y para los que has creado en tus obras atmósferas y personajes que evocan el pasado a través de tus recuerdos de infancia.

Decías en una entrevista, nada más concederte este Premio, “he sido docente a lo largo de treinta y tantos años y más allá de procedimientos complejos, lo que se precisa para que los niños y jóvenes se adentren en el universo de las historias escritas  es un conjunto de buenos libros y un profesor o profesora que ame la lectura. Con esto se puede desatar en los niños la pasión por la lectura con cierta facilidad”.

 En alguna ocasión, te he oído citar una frase del ensayo titulado “Imaginación y creación”, de unos de los más grandes e imaginativos escritores gallegos, Álvaro Cunqueiro, que dice: “Lo propio de un escritor es contar claro, seguido y bien. Contar la totalidad humana, que él por su parte tiene la obligación de alimentar con nuevas miradas. Y si hay algo que esté claro en esa dieta es que la persona precisa en primer lugar, como quien bebe agua, beber sueños”.

Y dices tú: “Beber sueños como quien bebe agua. No encuentro mejor manera de expresar la necesidad y el placer que explican la lectura”.

 Moitas grazas. Muchas gracias.   Guadalajara, 29 de noviembre de 2011

María Jesús Gil

Un estudante do IES O Mosteirón de Sada recomenda a lectura de «Poetízate», a antoloxía de Fran Alonso

Antoloxía,Fóra de Xogo,Poesía,Xuvenil
Un estudante do IES O Mosteirón, de Sada, Adán Méndez Varela, de 4º ESO, recomenda a lectura de Poetízate, a antoloxía de Fran Alonso, desde a bilblioteca do centro.
Neste curso mandáronme ler o libro de Poetízate. O primeiro que pensei foi “outra vez poesía, todos eses poemas que tanto custa entender”, pero cando o fun mercar e vin a portada foi como se o libro me chamase.
Cando cheguei a casa empecei a ollar as follas, pareime na 110 e lin o poema que nela aparecía, “Voz sen verbas”. Este poema encantoume e decidín volver ao principio e lelos todos, cousa que ao contrario do que me imaxinaba non me custou. Aínda así o que máis me atraía era “Voz sen verbas”, de Antonio García Teijeiro.
Por todo isto, pídolle á xente coma min en especial, esas persoas as que non lles gusta ler ou que len e a poesía lles parece aburrido, que lean Poetízate e xa verán como cambian de opinión como fixen eu.